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Foto Queso Cabrales Díaz Herrero

Queso Cabrales Diaz Herrero

Recomendamos Queso Cabrales con denominación de origen protegida. Al igual que su hermano Los mazos, buscamos siempre la máxima calidad y solamente trabajamos con Quesos Cabrales de 4 meses mínimo, creemos que es la maduración óptima para este tipo de quesos. La actual quesería se inscribió en los censos de la Denominación de Origen Protegida D.O.P. Cabrales el 24 de Agosto de 1985. En aquellos tiempos la empresa pertenecía al padre de Ángel, Adolfo Díaz, cuya mujer, Araceli Herrero, era como en la mayoría de las queserías la encargada de elaborar el queso, actualmente su nuera, nuestra amiga Encarni que aporta su experiencia familiar de Bada, que sigue sus pasos aportando además su propia experiencia familiar en la materia. En 1994 comenzó una nueva etapa de la Quesería Ángel Díaz Herrero, con la construcción de las actuales instalaciones en las cuales se elabora el queso desde entonces. La quesería se divide en tres salas: una de recepción de la leche, una de cuajado y una tercera de secado. En ella Ángel y Encarnación elaboran unos 6.000 kg de queso al año. Premios Desde que en 1984 consiguiera su primera distinción con el Primer Premio del Certámen del Queso de Cabrales, en Arenas, hasta hoy, Quesería Ángel Díaz Herrero ha obtenido diversos premios y máximas distinciones.

Se elabora artesanalmente de leche cruda de vaca, oveja y cabra de su propia ganadería, una vez elaborado el queso, se pasa a cuevas naturales en la montaña para madurar entre dos y cuatro meses. En estas cuevas permanece con una humedad relativa del 90% y una temperatura entre 8 y 12 grados, lo que favorece el desarrollo del Penicillium que durante la maduración le aporta las características vetas azul-verdosas del Queso de Cabrales. 

Historias o Mitos: Los más exquisitos alimentos muchas veces proceden no de concienzudas construcciones ingenieriles sino de la casualidad. Sin conocer levaduras, enzimas o fermentos nuestros antepasados inventaron el jamón de pata negra y el de pata blanca, el vino y la sidra, los salazones, ahumados y encurtidos. Aquellos primitivos sólo pretendían guardar, para la temporada de estrechez, el mosto de la uva o de la sidra, la carne, las frutas y el pescado y la naturaleza se encargó del milagro. Así mismo sucedió con la leche de Cabrales.

Era por marzo, el aplicado campesino ordeñaba su ganado cuando acertó a pasar una hermosa pastora. Tras guardar con mimo los recipientes de leche en la cueva corrió el enamorado a retozar con la xana por los puertos.

Llegó el invierno, la escasez, el hambre, tras nueve meses de abundancia y amor se acordó de la leche guardada en la cueva. El azar o la naturaleza o el milagro, según quien lo cuente, había transformado la leche en delicioso Cabrales.

Desde entonces ya ha llovido pero los queseros siguen llevando religiosamente su cuajada al seno de Covadonga y del Cuera para que el útero de la montaña obre el milagro del Queso de Cabrales.

Nunca me dijo quién era el campesino pero después de darle vueltas muchos años estoy convencida de que era uno que respondía por Gervasio.

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